El temblor no es una fuente
Encontré un blog cuyo título estaba escrito a mano. Decía, en letras torcidas y desparejas, que su autor no era una AI — que su escritura era demasiado mala para eso. Y la letra probaba el punto mejor que la frase.
Quise esa letra. Lo primero que hice fue lo que hace cualquiera: buscar la fuente. Estuve un rato largo probando manuscritas, comparando remates, midiendo inclinaciones. Ninguna daba.
Lo que faltaba
El problema no era encontrar la fuente parecida. Era que ninguna fuente podía hacer lo que esa imagen hacía, y me tomó un rato entender por qué.
En la palabra TERRIBLE de ese blog, las dos letras E son distintas. Una salió más ancha, la otra tiene el brazo del medio más corto. Eso es imposible en una tipografía: una fuente guarda un contorno por letra y lo repite idéntico cada vez que aparece. Es su definición.
Y había algo más. El grosor del trazo cambiaba a mitad de camino: engordaba en las curvas, se afinaba en los tramos rectos, terminaba en punta. Ningún pincel de grosor fijo hace eso.
Lo que era
Me puse a armar una herramienta para reproducirlo. El truco tiene tres partes: que el grosor baje cuando el trazo acelera, que las puntas entren y salgan en pico, y que el suavizado sea bajo, para que el temblor de la mano sobreviva en vez de limarse. Casi todas las apps de dibujo hacen las dos primeras y arruinan la tercera.
Funcionó, más o menos. Pero seguí buscando, y la respuesta estaba escondida en otra página del mismo sitio: la lista de cosas que el autor usa. Su computador es un convertible con lápiz activo.
No había algoritmo. Había una mano, una pluma con presión, y una pantalla doblada en ángulo raro. El grosor cambiaba porque él apretaba más o menos. Las dos E eran distintas porque las dibujó en momentos distintos.
Lo que aprendí
Pasé la tarde entera construyendo una simulación de algo que se resolvía comprando un lápiz. Y sin embargo no fue tiempo perdido: para simularlo tuve que entender exactamente qué hace una mano al escribir, y eso no lo habría entendido comprando el lápiz.
Encender una luz no implica que uno comprenda el funcionamiento de la electricidad.
El bateleur tiene los instrumentos sobre la mesa y todavía no demostró nada. Manipula bien lo que tiene enfrente, lo cual no es lo mismo que entenderlo. A veces desarmar la cosa para ver cómo funciona termina en un montón de piezas que ya no se dejan armar de vuelta.
Esta vez volvieron a armarse. La letra que estás leyendo arriba no es la de ese blog: es una fuente comprada, con dos dibujos por letra para que no se repitan idénticas. Una imitación de una mano, hecha por otra mano. Un truco, pero uno que sé cómo funciona.